Soy parte de un grupo de gente, de una mayoría que cada vez es más minoría, que todos los días se levanta y parte de su casa para trabajar dejando de estar mucho tiempo junto a su familia para intentar que a ésta no le falte nada dentro de lo posible y que anhela algún día llegar a tener lo suficiente como para estar más tiempo junto a los suyos y no tanto a los ajenos, pero que ante la sarta de barbaridades que ve suceder día tras día en los medios, en su entorno y hasta en su trabajo no lograr conciliar el sueño pensando que en cualquier momento todo ese esfuerzo que hace no sirve ni servirá de nada porque otros están decidiendo equivocadamente por él y por todos los que no tenemos y que no queremos tener más voz que la que nos permite un democrático voto.
No puedo aceptar que los representantes que el pueblo eligió no nos quieran representar y solo les interese el engordar sus egos y sus bolsillos intentando ganar pulseadas estériles para una sociedad con tantas urgencias como son la educación, la salud, el trabajo y la seguridad. No quiero aceptar que esto sea así porque a pesar de no haber vivido esos años nefastos de nuestra historia golpeada, de desapariciones y censuras valoro que como sociedad esos años 70s nos han servido para crecer y creer que se puede ser libres y entre todos elegir el camino que queremos seguir.
Lo grave es que desde la desaparición de la dictadura se ha visto desfilar por la política personajes tan nefastos como los anteriores uniformados, encubiertos en sus falsos ideales de igualdad, democracia, revolución productiva y demás estupideces que ilusamente nos tragamos mientras somos socialmente destruidos. Hoy como resultado tenemos una presidenta que está más preocupada por dar bien en cámara y no dar el brazo a torcer con los pedidos del campo para no recibir un reto en la privacidad de su hogar por poner en riesgo el apoyo político que necesita su obcecado marido en la conducción de un país que no lo eligió para dicha función, pero que impunemente decide y moviliza recursos que no son de su responsabilidad porque “él no es el presidente”. Por otra parte y no tan lejana, la impresentable presencia de un vicepresidente que no está de acuerdo con la política oficial, pero que no se baja del caballo para no perder presencia en los medios o quizás para no ser otro desaparecido de la democracia, vaya uno a saber.
Entre estas barbaridades se mezclan los dirigentes piqueteros y los sindicalistas defensores de sus propios intereses que por movilizar masas de personas necesitadas, gozan de una impunidad política tan grande como para no ser enjuiciados por provocar desorden público, atacar la propiedad privada y censurar violentamente la libre expresión de los ciudadanos que se manifiestan con ideas que ellos por el momento no comparte (hacen falta nombres?).
Por el otro lado está “la gente del campo” que del campo creo que solo tienen las escrituras, que lógicamente intentan defender sus intereses como lo haría cualquiera, pero que también hacen abuso de un poder que esta sociedad dormida le ha regalado históricamente al empresariado sin medir consecuencias he ignorando y burlando la inteligencia de los que estamos en medio de esta lucha que le han declarado al poder político gobernante. Como ejemplo están los ilegales cortes de rutas por que no llegan a un arreglo que los beneficie y les importa muy poco lo mucho que afectan con esta medida a miles de personas que solo intentan subsistir en una sociedad que tanto económica como social y culturalmente se está cayendo a pedazos. Alimentan los rebrotes de extremistas que piden penas de muerte, servicio militar obligatorio (manera encubierta de desear la vuelta de los militares al poder), desconocimiento de los derechos humanos y hasta en algunos casos de los más extremos, discriminación para con los hermanos sudamericanos que vienen a nuestro país en busca de un mejor futuro.
Mi sensación es que esto es una bomba de tiempo, no faltan personas que ya están astidas y con mucha bronca esperando a que solo una chispa detone una sucesión de hechos que lamentaremos por muchos años y de los cuales otros tantos no se puedan recuperar jamás, como tampoco faltan personas y corporaciones (medios de desinformación) que especulan con un posible estallido social de carácter violento para de esta manera lograr apoyo en busca de un posible golpe de estado como del cual fueron protagonistas ya en otros tiempos teniendo gran parte de la opinión pública atrapada en un embrollo de idas y vueltas que ellos inventan.
Los medios no son los que deben elegir a los gobernantes, ni siquiera son los que deben decir quién tiene que gobernarnos, solo nosotros, los ciudadanos comunes tenemos el poder de decidirlo, ni siquiera los mismos gobernantes pueden decidir esto. Por eso crecimos y volvimos a ser democráticos, porque queremos poder elegir, queremos tener opiniones diferentes sin matarnos por ellas, queremos ir para adelante y dejar de estar relegados y a merced de lo que unos pocos dispongan sin ningún consenso. Necesitamos educación, necesitamos salud, necesitamos trabajo, necesitamos seguridad, pero por sobre todas las cosas necesitamos paz. Sin paz no lograremos nunca ser unidos y por ende nunca lograremos la libertad tan ansiada.
Yo no soy un personaje intelectual, no soy escritor (es evidente), no soy periodista, no soy dirigente político y no soy empresario, soy un ciudadano común anónimo que desea estar orgulloso del país donde vive sin ser pisoteado por los egoísmos de unos pocos ansiosos de poder.
No quiero más violencia, no quiero más falta de respeto a las instituciones y por sobre todas las cosas no quiero más indiferencia para con los ciudadanos comunes que hacemos con mucho esfuerzo que un país sea digno.
